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Educación sexual: aprendizaje colectivo

Conocer nuestros derechos y obligaciones es clave para que podamos desarrollarnos plenamente. Una escuelita itinerante se construye con el aprendizaje de jóvenes dispuestos a derribar los prejuicios sobre la educación sexual.
Maira tiene 16 años y asiste a un colegio católico; allí, el tema de la sexualidad es un tabú, por lo que de eso no se habla. Ella no sabe a quién acudir y sus preguntas se quedan en el estante. Su madre, quien sigue desde hace varios años a la organización Somos Pytyvõhára, encontró en el Facebook que llevaba adelante una Escuelita Itinerante en Derechos Sexuales y Reproductivos, lo compartió con Maira y la animó a que participara de la sesión.

Es una de las primeras en llegar a la Plaza Uruguaya, donde se desarrollará el encuentro. Maira es como una de las tantas flores que brotan de los tajys en la plaza, bella y lúcida. Ella decide pasar su sábado en la escuelita, donde conocerá a otros jóvenes y podrán compartir sus experiencias y conocimientos, ya que en el colegio no se puede, desde que el exministro de Educación Enrique Riera aprobara la resolución 29664/17 que “establece la prohibición de la utilización y difusión de materiales digitales e impresos referentes a la teoría de género”.

La sesión está por empezar y los jóvenes, que son aproximadamente 20, se sientan en una ronda de terere jere. La orientadora de la clase de hoy es Cintia Escurra, una pytyvõhára, o como se traduciría en castellano “la que facilita el aprendizaje”, nombre que tomaron de las Ligas Agrarias Campesinas, que ya en su época llevaban adelante espacios alternativos de enseñanza horizontal.

Cintia da la bienvenida y se presenta, diciendo que ella es estudiante de Psicología Clínica y militante de Somos Pytyvõhara desde hace siete años, un colectivo compuesto por jóvenes organizados e individualidades de diferentes ciudades del país, que trabaja en torno al eje de los derechos sexuales y reproductivos. Una vez que termina, invita a los demás a que hagan lo mismo. Los chicos y las chicas se van presentando, expresando la curiosidad y las dudas que los impulsaron, mencionando que la mayoría se encuentra aún en el colegio y es muy difícil hablar de esos temas en espacios más formales.

“Trabajamos a partir de la educación interpar, que tiene que ver con abordar la temática desde una perspectiva horizontal, con un lenguaje sencillo, pero siempre tratando de complementar con lo científico y desde nuestras vivencias”, explica Cintia.

Luego de la introducción, ella propone empezar con una dinámica que consiste en escribir en un papel los juegos o las actividades que comúnmente son asignados a cada sexo. Tareas del hogar, servicios, salud, cocina y afecto fueron asociados con la mujer. Mientras que deportes, fuerza, poder, conocimiento y violencia fueron vinculados con el hombre. Aquellas diferencias no eran ninguna novedad para los jóvenes participantes, pero ponerlas en perspectiva hizo que pensaran y rememoraran todas las situaciones en las cuales las experimentaron o pudieron identificarlas.

“Siempre hice cosas que están asociadas a los hombres”, comparte una chica. “Antes yo no podía teñirme el pelo”, dice un muchacho. “La verdad, la mujer siempre está asociada al cuidado y el hombre a cuestiones de ocio y libertad”, acota alguien más.

“La Escuelita es una apuesta política, que estamos realizando este año debido a la resolución Riera, para que jóvenes que estén interesados en hablar sobre el tema de sexualidad, derechos sexuales y reproductivos tengan un espacio en el que se sientan cómodos, puedan hacer las preguntas que quieran y puedan informarse de manera científica”, detalla Alejandra Sosa, integrante también de Somos Pytyvõhára.

Los chicos y las chicas discuten los roles que les fueron asignados durante su vida, llegando a la conclusión de que son construcciones sociales y culturales. “¿Qué les parece que nos puede mostrar este ejercicio de pensarse como varón o como mujer?”, pregunta Cintia.

Entre las respuestas, resalta la de Maira: “Desde chicas, a las nenas nos dicen: ‘No te sientes así, no corras tanto, quedate quieta, vestite así, cuidá tus manos, cuidá tu cabello, no te juntes con los nenes, vos no podés jugar con eso, no podés estudiar eso, no podés hacer eso porque es para hombres’”. Los jóvenes asienten y van agregando más situaciones cotidianas.

La importancia es poder cuestionarnos estas desigualdades, dice Cintia, y promover la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad de expresión, la vivencia y el ejercicio pleno de una sexualidad libre, y la posibilidad de vivir una vida sin violencia, porque las desigualdades generan agresión, discriminación y negación de derechos.

Sexualidad: un derecho humano

Según Cintia, niños, niñas y adolescentes hablan de estos temas, pero muchas veces no tienen noción de la existencia de los derechos sexuales y reproductivos y de que el Estado tiene el compromiso de garantizarlos. “Empezar a hablar desde nuestras propias vivencias es como que nos moviliza y sitúa. Porque muchas veces las cuestiones conceptuales, que nos enseñan en la escuela, no hablan de nuestro estado de ánimo, de cómo nos afecta en nuestro día a día”, considera.

Para bajar a tierra los conceptos, los facilitadores plantean otra dinámica. Esta vez, los participantes tienen que dividirse en grupos, analizar historias de discriminación o negación de derechos y buscar la mejor manera de responder ante ese tipo de situaciones, protegiendo a el o la afectada y garantizando el cumplimiento de todos sus derechos; como por ejemplo, un chico que desea ser chirolero pero su directora le dice que está loco y que esa función solo pueden tener las mujeres.

Algunos grupos presentan la situación ideal en forma de sketch, mostrando que la directora debería actuar con empatía y comprensión, ya que su rol de educadora es escuchar y guiar a sus alumnos, generando el ambiente propicio para que se sientan seguros y puedan desarrollarse plenamente, explicaron.

El juego desembocó en un debate mucho más complejo sobre los mitos que produce hablar de género y sexualidad, el pan de cada día de la organización. “Escuchamos de todo. Hay mitos que incluso son insospechables que sean falsos o que sean informaciones erradas, porque lo incorporan así tal cual, lo viven todos los días. Por eso es muy importante la información en esta etapa en la que tienen ganas de explorar”, afirma Cintia.

A estas horas de la tarde, los adolescentes ya se sienten parte del grupo, y todos los pudores se quedan atrás. Sin filtro cuenta una de ellas: “A mi vecina su novio le pidió tener relaciones sexuales sin cuidarse, porque aseguraba que la primera vez no te podés quedar embarazada”, entre risas, medio incómodas, y gestos de sorpresa, algunos no pueden creer la anécdota. “Una compañera me dijo que no se cuidaban con su novio, ni con preservativo ni con anticonceptivos, solo con la pastilla del día después”, compartió otra, agregando que la aconsejó que se deben cuidar, porque esa píldora podría hacerle muy mal.

Debido a estas situaciones, la orientadora asegura que es urgente poder recibir información científica, laica y de calidad. “Porque si no la recibimos no podemos cuestionar lo que está bien o lo que está mal, por lo que tampoco podemos tomar decisiones asertivas sobre nuestras vidas o planificarlas de acuerdo a lo que queremos, a cómo nos pensamos, a lo que nos gusta o no. Nosotros y nosotras exigimos una educación integral de la sexualidad (EIS) para prevenir violencia sexual, aumento de embarazos adolescentes, casos de VIH, ITS; incluso para prevenir la violencia en el noviazgo, intrafamiliar, etcétera”, agrega.

Llegando ya al final de la jornada, los pytyvõhára invitan a los participantes a escribir en unos papeles lo que pierden chicos y chicas al no poder acceder a la EIS, a quiénes deben exigirle la garantía de derechos y qué es lo que exigen.

“Es un avance que nos organicemos y nos movilicemos, para que uniendo fuerzas podamos instalar el debate, poder exigir y llevar hasta la última instancia y así nos concedan la posibilidad de educarnos adecuadamente”, explica Cintia.

Levantan sesión y los asistentes terminan satisfechos, incluyendo Maira, quien sin saber lo que le esperaba, termina con una sonrisa de oreja a oreja. “Fue una experiencia superlinda, compartir con jóvenes y aprender todos juntos sobre temas que generalmente las personas quieren censurar”, revela.

Maira vuelve a su casa con más seguridad y con herramientas para tomar mejores decisiones en su vida. Vuelve empoderada, sabiendo cuáles son sus derechos como mujer y, por sobre todo, como persona.

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Una materia pendiente

Desde Somos Pytyvõhára, en conjunto con las organizaciones estudiantiles UnePy y Fenaes, llevan adelante la campaña Es hora de gritar por la educación integral de la sexualidad, a través de la cual exigen al Ministerio de Educación la derogación de la resolución 29664/17 y la incorporación de la educación sexual desde la integralidad en los colegios.

Según la Unesco, la educación integral de la sexualidad es un proceso de enseñanza y aprendizaje basado en planes de estudios que incluyen los aspectos cognitivos, psicológicos, físicos y sociales de la sexualidad.

Para que se cumpla la integralidad, la educación debe realizarse con enfoque de derechos humanos, científica, laica, desde la perspectiva de género, intergeneracional e intercultural, asumiendo que la juventud es diversa.

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Las cifras que movilizan

La organización Somos Pytyvõhára realizó una encuesta online a niños, niñas y adolescentes de 12 a 18 años, de todo el territorio nacional, la cual reveló que para el 79,9% de los encuestados no es suficiente la información que reciben sobre sexualidad en sus colegios. Por otro lado, un 65,7% dijo que en el colegio no le enseñaron a usar apropiadamente el preservativo, uno de los métodos anticonceptivos más efectivos para prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual. Asimismo, casi el 60% de las chicas y chicos busca información sobre sexualidad en internet, y un 20% con sus amistades. Por otro lado, solo un 10% lo realiza en el colegio, y la menor cantidad en sus casas.UH

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